Entre los rostros esenciales del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) está María Pilar Rodríguez Moltó, Doctora en Medicina de formación y relacionada con la institución científica desde antes de sus inicios.

Cuenta Rodríguez Moltó en esta entrevista que cuando el CIGB no existía y ella se encontraba estudiando en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un grupo de seis científicos cubanos enviados a Finlandia por el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro para conocer sobre la producción del medicamento interferón para combatir el cáncer, hicieron una escala en la Unión Soviética antes de visitar el país escandinavo.

Allí se encontró con ellos, y pudo conocer sobre los pasos de avances que daba el país en la lucha contra esa mortal enfermedad.

Aunque su formación académica fue la Medicina, Rodríguez Moltó se inclinó por las investigaciones agropecuarias y el estudio de los virus que afectan a plantas y animales.

Al comenzar a trabajar en el CIGB, su primer trabajo se centró en la investigación mediante cultivos celulares, ya que estos son los que permiten multiplicar los virus, afirma la científica.

Cuenta que luego de esta etapa, tras la visita de expertos canadienses al CIGB, la dirección del centro la envía a ese país para conocer un poco más sobre el proceso de control de la calidad, y a su regreso, descubre una nueva pasión, la pedagogía, la cual sigue desempeñando hoy en la maestría de Química en la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae).

“Eso me sacó completamente del laboratorio”, afirmó.

Más tarde regresó a Canadá; esta vez con la misión de crear un departamento eficaz de control de la calidad, tarea a la que le dedicó gran parte de su tiempo.

Entre sus logros más significativos y de la biotecnología cubana está la vacuna Porvac, desarrollada para combatir la peste porcina clásica, enfermedad que causa la muerte de miles de cerdos en diversos países.

Se trata de una vacuna no replicativa, segura para los animales y el medioambiente, la cual ofrece una protección rápida y efectiva a los cinco días después de su aplicación, y evita además la transmisión transplacentaria del virus.

“Este es uno de los productos más comercializados en el CIGB. Se produce en el CIGB de Camagüey, aunque el control y las investigaciones se realizan aquí en el CIGB de La Habana”

Entre los retos que plantea Rodríguez Moltó se encuentra ampliar la comercialización de Porvac más allá de las fronteras de Cuba, un objetivo que considera requiere un mayor esfuerzo por parte de la institución científica.

“Siempre debemos recordar que Porvac es la única vacuna en el mundo que ha logrado controlar la peste porcina clásica en grandes extensiones”

De los 40 años próximos a cumplir por la institución donde ha laborado la mayor parte de su vida, Rodríguez Moltó destaca las oportunidades que la vida le ha dado de haber desarrollado su carrera en cualquier otro centro científico; sin embargo, decidió mantenerse en el CIGB.

“Dentro del CIGB está hasta mi propia familia; tengo una hija que trabaja aquí. Esto es resultado de toda la formación y el trabajo desarrollado durante años. A partir del CIGB se crearon varios centros de investigación adicionales: una idea de Fidel que supimos aprovechar muy bien”

A sus 80 años, María Pilar Rodríguez Moltó sigue trabajando día a día en la que ha sido su hogar profesional por buena parte de su vida. Allí sigue investigando cada día más en uno de sus productos más destacados, Porvac, otro de los muchos aportes que ha enaltecido la ciencia y la biotecnología cubanas a lo largo de todos estos años.