La escuela Dora Alonso, la primera de su tipo en Cuba para la educación de escolares con autismo, como parte del programa a la Educación Especial, brinda una esmerada atención profesional a estos y hoy día muestra los mejores resultados. Foto: Tomada de Internet.

Recibirlos con amor, aprecio y responsabilidad. La llegada de un niño a un seno familiar siempre que sea buena la acogida, deviene en innumerables experiencias y alegrías. Una huella imborrable. Nada más perpetuo en los corazones de los padres, abuelos, tíos y primos. 

Su llegada deriva también en exigencias y la educación trae consigo responsabilidades, disposición y paciencia, todo ello con sus respectivas adecuaciones en dependencia de cada niño, su edad, características personales, patrones de personalidad, entre otros elementos. 

Este 18 de febrero se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger con el propósito de sensibilizar a la población con este tipo de autismo, el cual provoca un trastorno severo del desarrollo humano y se manifiesta bastante frecuente en la vida actual.

Los científicos estiman que, de cada mil personas, al menos entre tres y siete viven con esta condición que deriva en alteraciones en las interacciones a nivel social, la comunicación, los intereses, lo que provoca conductas poco adaptativas y dificultades para desenvolverse.

Los estudios sobre el autismo y otras enfermedades neurológicas en general, tomaron mayor relevancia hacia los años 90 cuando el psiquiatra austriaco Hans Asperger descubrió un comportamiento similar entre un grupo, pero poco frecuente respecto a la masa general.

“Estos niños presentan a menudo una sorprendente sensibilidad hacia la personalidad de sus profesores (…) Pueden ser enseñados, pero solamente por aquellos que les ofrecen una comprensión y afecto verdaderos, gente que los trata con cariño y también con humor. La actitud emocional subyacente del profesor influye, de modo involuntario y consciente, en el estado de ánimo y comportamiento del niño”, apuntó.

Asperger, demostró que para estos niños no hay nada que les intercepte la posibilidad de aprender y trabajar, como tampoco la de generar fuertes lazos familiares, como es el caso del filme Yo soy Sam (Sean Penn), que cuenta la historia de este hombre con discapacidad intelectual, que es capaz  de crear una linda unión con su hija Lucy.

Otro ejemplo en que la discapacidad y los efectos psicológicos son tomados como argumento de un producto audiovisual, el subgénero del cine y las enfermedades mentales, es el de la cinta Rain Man (Dustin Hoffman y Tom Cruise), la narración de un hombre que sufría de un autismo leve, el Síndrome de Asperger, pero que fue considerado como un genio con los números.

A las personas con este síndrome, si bien se les dificulta la habilidad para comunicarse, de crear relaciones de amistad, son resistentes a los cambios y evitan todo lo que signifique contacto social, por otra parte, son muy talentosas para actividades de memorización, las matemáticas y tienen buen oído para la música.

Aunque en Cuba, en comparación con otras naciones la incidencia del Síndrome de Asperger es baja, se incentiva a su población a entenderlos y aceptarlos, se inculca cómo incorporarlos como otros miembros activos dentro de las rutinas y manifestaciones de la sociedad.
 

Leer también:
Hablan los especialistas cubanos sobre el autismo   
Un muy buen doctor