
El Consejo de Seguridad de la onu se reunió, este lunes, en una sesión de urgencia, con el propósito de abordar el ataque perpetrado, el pasado 3 de enero, por la administración de Donald Trump contra Venezuela.
En su intervención, el representante de Cuba, Ernesto Soberón Guzmán, afirmó: «La cobarde agresión estadounidense contra Venezuela es un acto criminal, violatorio del Derecho Internacional y la Carta de la ONU, constituye una escalada peligrosa de la campaña de guerra sostenida durante años por EE. UU. contra esa hermana nación».
Aseguró que la operación «no tiene justificación alguna, no responde a ninguna provocación ni cuenta con legitimidad, se sustenta en la aberrante doctrina de la paz por medio de la fuerza y quebranta la estabilidad y la paz que ha caracterizado durante años a nuestra región».
Soberón Guzmán enfatizó en que los objetivos reales de esta operación son apoderarse de los recursos naturales y energéticos del país sudamericano. Se trata de una agresión imperialista y fascista –dijo– con pretensiones de dominación. Busca también amedrentar y avasallar a los gobiernos de América Latina y del Caribe.
De su lado, el diplomático venezolano Samuel Moncada la calificó como un acto «carente de toda justificación jurídica»; y, advirtió que, de no condenarse el bombardeo a su nación y el secuestro de su Presidente constitucional, quedará en duda la credibilidad del Derecho Internacional y la autoridad del propio Consejo.
Venezuela exhortó al organismo multilateral «a asumir plenamente su responsabilidad y actuar conforme al mandato que le confiere la Carta de las Naciones Unidas». Asimismo, solicitó al cónclave que se exija al Gobierno de EE. UU. el respeto pleno de las inmunidades del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, Cilia Flores, así como su liberación inmediata y su retorno seguro.
Solicitó que se condene el uso de la fuerza contra su país, que se reafirme el principio de no adquisición de territorio ni de recursos mediante la fuerza, y que se adopten medidas orientadas a la desescalada, la protección de la población civil, y el restablecimiento del Derecho Internacional. «Confiamos en que este Consejo de Seguridad sabrá estar a la altura del momento histórico y elegirá el camino de la legalidad, la responsabilidad colectiva y la paz», insistió.

En la cita, México subrayó que «corresponde a los pueblos soberanos» decidir sobre su propio destino. Reiteró, además, que América Latina y el Caribe se ha forjado como una zona de paz, por lo que «la violación actual de este frágil equilibrio pone en grave riesgo la estabilidad política y la seguridad de la región, así como el bienestar de nuestros pueblos».
Por su parte, la secretaria general adjunta de la ONU para Asuntos Políticos, Rosemary A. DiCarlo, habló en nombre del secretario general, António Guterres, y transmitió la preocupación más seria de ese organismo ante los hechos. Señaló que las informaciones recibidas sobre operaciones militares en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira son motivo de alarma, según reportes de Telesur.
La embajadora de Colombia, Leonor Zalabata, remarcó: «Venezuela merece vivir en paz, en democracia, prosperidad y con dignidad. Con un gobierno soberanamente definido por nadie más que por el mismo pueblo venezolano y sus instituciones», aseveró. Reclamó «máxima cautela y contención», así como «desescalar las tensiones y privilegiar el diálogo y los canales diplomáticos».
«El bandidaje en relación con el líder de Venezuela, que se saldó con la muerte de varias decenas de ciudadanos venezolanos y cubanos, se ha convertido, a los ojos de muchos, en un presagio del regreso a la era de anarquía y el dominio de la fuerza estadounidense, de caos y de ilegalidad que siguen padeciendo decenas de Estados en diversas regiones del mundo», manifestó el diplomático ruso, Vasili Nebenzia.
Indicó que «no hay ni puede haber justificación alguna para el crimen cometido cínicamente por Estados Unidos en Caracas».
Destacó que «los murmullos y los intentos de evadir juicios de principios por parte de quienes, en otras situaciones, habrían exigido con vehemencia que otros se adhirieran a la Carta de la ONU, parecen especialmente hipócritas e inapropiados hoy día. Espero que reconozcan esto, abandonen la doble moral y dejen de intentar justificar un acto de agresión tan flagrante por temor a enfadar al “gendarme” global estadounidense, que está tratando de resurgir».
Sin pudor alguno, Mikel Waltz, representante de EE. UU., declaró ante la ONU que su país no lleva a cabo ninguna guerra contra Venezuela, se trata de una operación «rigurosa, facilitada por el Ejército estadounidense, contra dos fugitivos de la Justicia», vociferó.
«Como ha dicho el secretario [de Estado de EE. UU., Marco] Rubio, no hay guerra contra Venezuela ni contra su pueblo. No estamos ocupando el país. Esta fue una operación de aplicación de la ley», afirmó con cinismo.