Cuarenta carteles que identifican eventos de la Casa de las Américas en la presente década, realizados por diseñadores de la institución, se exponen en La Rampa habanera desde este domingo hasta el 5 de septiembre.
El domingo 1 de agosto a las tres de la tarde quedará inaugurada en el Túnel del Pabellón Cuba, como parte de las acciones de la institución en Arte en la Rampa, la muestra La Casa en carteles: última década, una selección compuesta de cuarenta piezas representativas de la producción cartelística de los diez años más recientes, y sesionará un panel a propósito de esta línea de trabajo de la Casa de las Américas.
En esta antología se apreciarán obras de Pepe Menéndez, Nelson Ponce —autores de la selección—, Carlos Zamora y Khiustin Tornés, diseñadores que en este período han contribuido a la creación de una imagen gráfica identitaria de la Casa.
Carteles de La Joven Estampa, el Premio Casa, Premio de Musicología, Mayo Teatral y otros eventos integran esta colección que se exhibirá hasta el 5 de septiembre, fecha de clausura de Arte en la Rampa.
La idea se completa también con la visión comercial que desde hace algunos años ha impulsado la Casa a favor de la circulación de sus productos culturales. Por esa razón, el público también podrá adquirir en el stand a partir de ese mismo día, carteles de la muestra y la versión sobre pulóveres de algunos de ellos.
El panel que acompañará la apertura estará integrado por Lesbia Vent Dumois, profunda conocedora de esa zona de creación en la institución y durante muchos años directora de Artes Plásticas, actualmente presidenta de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC; Sara Vega, especialista del ICAIC, institución que ha impulsado y fomentado el cartel en Cuba; y Giselle Monzón, activa exponente de la más joven hornada del diseño gráfico cubano.
Sobre el vínculo de los noveles con el ICAIC, Sara Vega comenta que “El interés de los jóvenes diseñadores por realizar obras para esta institución quizás se deba a que los mismos son impresos en serigrafía lo que resulta un reto en este mundo contemporáneo para jóvenes acostumbrados a pensar mediante avanzados programas de computación”.
Sobre este punto, binomio diseño-institución, Giselle Monzón, una de las más talentosas diseñadoras hoy, afirma: “En lo que respecta a los diseñadores me muestro bastante optimista, existe una revalorización de la cartelística cubana y no son pocos los proyectos que vienen desarrollándose de manera personal y colectiva: CACa —Club de amigos del cartel—, CACa en el Taller, Jueves del Diseño, Postales y mascuales, Paredón; exposiciones como: Cubagráfica, Rojo, Filmes Clásicos, Diseño contemporáneo, etc. ; todo ello con el apoyo de importantes instituciones como la Casa de las Américas, el ICAIC, el Centro Pablo, la UNEAC, el CDAV y el Taller de serigrafía René Portocarrero”.
Uno de los problemas que enfrenta la divulgación y circulación del cartel cubano es su espacio expositivo, la imposibilidad de llegar a un público no cautivo en sus habituales circuitos.
Vega, en este sentido, aporta desde la experiencia de su institución: “Los carteles del ICAIC ahora son colocados en las salas de cine de la capital y su impacto solo toca a un grupo conformado por los diseñadores mismos o por algunos críticos e investigadores quienes se encuentran más al tanto de la movida que se está produciendo en el campo del diseño gráfico. Ya pasó la época de los paragüitas y las vallas, ahora el cartel casi siempre se encuentra apresado en el espacio de una galería y sobrevive gracias al empeño de unos cuantos que insisten en otorgarle un lugar de importancia”.
Por su parte, Monzón, quien reconoce que el cartel cultural es el protagonista del actual escenario del diseño gráfico, pone en discusión los temas relacionados con la creación y los desafíos que enfrentan los jóvenes: “Las dificultades en el acto creativo son varias pues se trata de representar una idea de manera clara, estéticamente correcta e inteligente y que satisfaga de igual manera al público, al cliente y respondiendo a una necesidad puntual de comunicación, por lo tanto cualquiera de estas variables puede atentar contra el acto de diseño, en ocasiones nos encontramos con una buena idea que no está bien resuelta gráficamente o de lo contrario un cartel muy hermoso con un gran vacío comunicacional.
“Sin embargo, me parece que más allá de todo esto nuestra principal dificultad hoy es que nos encontramos ante una severa crisis material; la desaparición acelerada y progresiva de varios matices de tintas, cartulinas y papel hacen del ejercicio de nuestra profesión una tarea dantesca”, agrega la diseñadora.
Estos abordajes, sin duda, formarán parte de la reflexión del panel en el que, igualmente, la trayectoria gráfica de la Casa, su contribución a crear un rostro que ha identificado a la propia institución y, a la vez, al diseño gráfico en Cuba en este medio siglo, serán puntos de partida para futuros análisis.